En el día de ayer se celebraron las elecciones para gobernador del Estado de Virginia en Estados Unidos, se enfrentaron Glenn Youngkin por el partido republicano y Terry McAuliffe por el demócrata, con victoria de Youngkin.
El multimillonario se convirtió en el primer gobernador electo del estado de Virginia luego de una década gracias al apoyo de los grupos más conservadores y duros del ala trumpista. Esto no solo es un claro aviso para Joe Biden y su partido demócrata sino que también modifica el panorama y la agenda del Presidente. Mientras la derrota ya era un hecho, en el estado de New Jersey, el gobernador demócrata Phil Murphy obtenía un empate técnico con su par republicano, pese a que Biden había ganado en ese estado por 15 puntos en el año 2020.
La frustración con el gobierno actual parece ir haciéndose cada vez mas fuerte en cada rincón de país del norte, sobre todo porque ya se empiezan a preparar para las elecciones legislativas que se realizaran en noviembre del 2022, en donde el oficialismo intentara mantener su exigua mayoría en el Congreso. Con el mismo modus operandi de Donald Trump, Youngkin invirtió 20 millones de dólares de su propia fortuna para obtener el triunfo y festejar “Este es el espíritu de Virginia que se une como nunca antes» sentenció el político neófito.
Mientras que los demócratas basan su campaña en un referéndum contra Trump, los republicanos no parecen tener problemas de desembolsar grandes cantidades de su propia fortuna para volver al poder del país más importante del mundo. El plan de Biden, centrado en el bienestar social y las infraestructuras, es fundamental, pero cada vez se ve más opacado por los contratiempos su aprobación en Washington.
Virginia parece ser el termómetro no solo a nivel nacional sino a nivel partidario, ya que McAuliffe se apoyó en su imagen de candidato del establishment, vendiéndose a sí mismo como alguien que recuperó empleos tras la crisis financiera mundial de 2008, y prometió repetirlo para la pandemia. Mientras que Youngkin tuvo que hacer equilibrismos, ya que la gran mayoría de los republicanos creen en las falsas afirmaciones de Trump de que las elecciones presidenciales que perdió ante Biden fueron fraudulentas, y en medio de ese ambiente, admitir la verdad tiene riesgos políticos. Pero en lugar de decir eso, se centró en temas locales como que hay una “guerra cultural” sobre el aborto, la obligatoriedad de llevar mascara y la enseñanza de la historia racial de Estados Unidos.