Al analizar la sustentabilidad de la deuda, en lugar del IPC usó el dato de la inflación del deflactor del PBI .
Los intentos del Gobierno por ponerle un tope a la inflación por la vía recesiva se encontraron con tres inconvenientes: con una suba del dólar de 15% en los últimos dos meses y en pleno tarifazo de transporte, electricidad y gas, los salarios tampoco funcionarían como un ancla nominal claro, en pleno año electoral. Mientras el FMI ya usa, para analizar la sostenibilidad de la deuda, una hipotética inflación de 39,6% en el deflactor del PBI 2019, alertó por las presiones que sufrirán los precios en los próximos meses.
El informe de la tercera revisión del FMI afirmó: «La reciente suba de la inflación fue liderada por una combinación de varios factores, entre los que se incluyen la suba de las tarifas de los servicios públicos, una suba mayor a la esperada de los salarios y una recomposición de márgenes por parte de las industrias y los comercios».
La idea de salarios recuperándose con más velocidad que la esperada causó sorpresas e ironías entre analistas. Pero con las otras dos anclas por excelencia (dólar y tarifas) virtualmente inactivas por las imposiciones del Fondo (revaluación del dólar y tarifas}), una recuperación parcial de los ingresos laborales, incluso por debajo de la inflación, también le pone algo de combustible al IPCpor medio de la carrera salarios-precios.
Lo explicó el investigador de la Universidad del Salvador, Héctor Rubini: «La carrera precios-salarios ya está lanzada. Es factible que tengas subas salariales que impulsen incrementos de precios aun cuando no se recuperó el salario real. Frente a las presiones, los empresarios dan aumentos de sueldo y siguen remarcando».
Otro ruido aparece en la ponderación que el FMI le puso a lo salarial sobre la dinámica de precios, con dólar y tarifas trepando y haciendo subir los costos empresariales, que ya de por sí subieron muy por encima del IPC y dieron lugar a la actual remarcación. El economista Mariano Kestelboim afirmó: «Por supuesto que es posible tener presión inflacionaria por el lado de los salarios incluso con caída real. Una cosa era que el salario cayera 50% y otra cosa 18%, como lo hizo realmente. El tema es que ese no es el principal factor inflacionario, sino el dólar, las tarifas e incluso la tasa de interés, que achican las escalas de las empresas y aumentan sus costos fijos».
Un informe de Ecolatina consideró que como «2019 es un año de elecciones ejecutivas, los gobernadores necesitan sumar votos entre los empleados públicos y el Ejecutivo nacional necesita que haya una mejora del salario real». Y afirmó: «Un resultado posible es que se terminen convalidando aumentos salariales elevados y que las firmas trasladen el incremento del costo laboral a precios, acelerando la carrera salarios-precios. Algo de eso estamos viendo en las primeras paritarias del 2019, cuyo piso saltó del 23% al 30%».