Vivimos momentos difíciles a nivel económico y social, eso es algo que lo sabemos todos, pero también sabemos que las crisis no las transcurrimos todos de la misma manera, no todos tenemos las mismas posibilidades, ya sean de educación, salud, económicas, etc.
Sabemos que la vida (o por lo menos doy por sentado que se sabe) no es una carrera en la cual todos salimos desde una misma línea de largada, en todo caso si la comparamos con una carrera, es notorio que las brechas en los status socioeconómicos son inmensas y los que mejores posibilidades tienen ya largaron mucho antes o largaron desde posiciones más ventajosas respecto a los que no corrieron con la misma “suerte”.
En éste contexto, es donde en el último tiempo se puso de moda la palabraEmpatía.
¿Qué es la empatía?
Empatía. Según lo define el Diccionario de la Real Academia Española, es la capacidad que tenemos de ponernos en el lugar de alguien y comprender lo que siente o piensa.
En ese sentido, entonces, Cuántas veces hemos experimentado diversas sensaciones en relación a lo que vemos y percibimos en determinadas situaciones sociales, por ejemplo, al ver a un niño pedir limosna, o a un señor intentar limpiar el parabrisas de un auto, madres pretendiendo vender algún producto de manera ambulante, ejemplos hay miles.
Pero el punto es, y lo presento de manera interrogativa para tratar de responderlo entre todos. ¿Sentimos empatía en todos los casos? ¿tenemos una empatía selectiva?
Y con ésta última pregunta me refiero a si nuestros sentimientos van cambiando dependiendo de los actores sociales que protagonizan la escena.
¿Un animal genera más empatía que un ser humano? ¿un niño la genera más que un adulto? ¿analizamos que acontecimientos llevaron a tal persona a llegar a la situación en la que se encuentra? Y al analizarla, ¿somos conscientes de que es muy probable que no haya contado con las mismas oportunidades que mencionamos anteriormente? ¿lo culpamos entonces y le adjudicamos su marginalidad a que debió esforzarse más?
Tantos interrogantes que quizá nunca nos detenemos a hacernos, y pasa, pasa de largo como pasa el niño mendigo o el papá marginado.
Entonces puede que sea momento de que no pase más, y hacernos las últimas preguntas.
Empatía: ¿la tenemos? ¿la sentimos? ¿la usamos?
Hacéte esas preguntas una y otra vez, y es posible, quien te dice, que eso ayude a mejorar un poco la vida de los que más lo necesitan.
Autor: Maximiliano Canllo